Por fin. Por fin encajaban todas las piezas. Había imaginado todas las posibles formas de encajar el puzle, y todas sus posibles soluciones. Sin duda, esta era una de las opciones. Incluso la más probable, aunque el nunca lo quiso reconocer. Sin embargo, había pasado tanto tiempo desde que comenzó con el rompecabezas, que su posible reacción ante semejante descubrimiento se había visto alterada paulatinamente.
Si hubiese tenido la solución al instante, las cosas en su vida habrían sido muy distintas. Y es que al fin y al cabo, no fue el puzle, fue su empeño en resolverlo, lo que había marcado el rumbo de su vida.
¿Y ahora qué? Las respuestas le daban una perspectiva que le resultaba muy familiar. En al medida en que te resulta "familiar" algo que llevas grabado a fuego debajo de la piel. Sin embargo, esta vez era distinto. Porque esta vez no era él el protagonista...sino alguien que le importaba más que su propia vida.
Era consciente, debía actuar como le hubiese gustado que actuasen con él...si pudiera explicar las grandes similitudes que compartían. Pero no podía explicárselo...porque no le gustaría que se lo hubiesen explicado a él, si las cosas hubiesen ocurrido de otra manera...
Esa búsqueda le había hecho diferente, y sin embargo había terminado como solía terminar todo antes del cambio. Tal vez la solución sería volver a ser como era antes de descubrir ese puzle. Pero ese extraño al que ya no reconocía, jamás se hubiese atrevido a escribir esto...
Entonces se dio cuenta, no había marcha atrás. Y lo que es peor, se dio cuenta de que, esa otra persona, tampoco podía regresar.
Había descubierto la incógnita. Pero en la búsqueda se había endeudado tanto, que la solución ya no merecía la pena.